Los mitos de la traducción


Como toda profesión, la traducción es una profesión comprendida únicamente por quien la ejerce. Por ejemplo, sólo el médico sabe qué tanto tiempo, esfuerzo, dinero, descanso, comidas, convivencias con la familia, entre otros, ha tenido que invertir para realizar su trabajo con excelencia y dedicación. De la misma manera el traductor, son muchas las horas que invierte en prepararse, estudiar, investigar y especializarse en ciertas áreas.

Por esta razón, te presentamos algunos mitos que rodean a la profesión del traductor, con el fin de comprender un poco más el mundo del traductor:

Mito 1. Si sabes inglés*, eres un traductor.

*Aplica a cualquier otro idioma, distinto al idioma natal.

"¿Trabajas de traductor? ¡Qué interesante! Yo también s

é inglés." Esta es una de las frases que un traductor escucha con mucha frecuencia. Y es que una cosa es saber dos idiomas (o más) y otra muy distinta es saber traducirlos. La traducción es una disciplina muy específica. Debes conocer el idioma origen y el idioma destino, sus reglas gramaticales y ortográficas, la sintaxis, la morfología, pero también debes conocer la cultura y el contexto de ambos idiomas. Incluso, cuando traduces documentos legales, ¡hasta debes conocer el sistema jurídico de ambos países! Por lo tanto, la traducción no se trata solamente de entender que "I like to travel" significa "Me gusta viajar", sino además debes entender el contexto en el que se está escribiendo, a quién va dirijido el mensaje, a quién va dirigida la traducción, entre otros. El conocimiento de ambos contextos debe ser tan específico que incluso debes conocer, por ejemplo, la diferencia entre un Notario Público en Guatemala y el Notary Public en Estados Unidos. De manera que la investigación, el aprendizaje y la especialización constantes son características propias de un traductor, y no precisamente de una persona bilingüe.

Mito 2. El traductor cobra caro.

"¿Por esta página cobras tanto?". El tema del precio es un tabú en el mundo de los traductores, tanto para los clientes como para el traductor. No se trata de cobrar cantidades exhorbitantes a los clientes, pero sí de cobrar lo justo para el trabajo de investigación, traducción y edición que esa única página conlleva. El cliente no sólo recibe una página que estaba en español y que ahora está en inglés; lo que el cliente recibe es un trabajo arduo de análisis del texto original (que muchas veces el traductor corrige, ya sea por errores ortográficos o de redacción), una profunda investigación del tema y de ambos contextos, una cuidadosa edición, múltiples revisiones y así obtiene una traducción con excelencia. Es nuestra tarea, como traductores, dar a conocer la relación entre precio y valor de nuestro trabajo.

Como dijo Tim Parks: "Imagine shifting the Tower of Pisa into downtown Manhattan and convincing everyone it's in the right place; that's the scale of the [translator's] task".

Mito 3. Cualquiera puede ser traductor.

Cualquiera puede estudiar arquitectura, ingeniería, medicina, derecho, política, pero no cualquiera puede ejercer la profesión con tanta excelencia y precisión como lo hace alguien que tiene vocación. ¿Por qué? Porque cada persona posee distintas inteligencias desarrolladas y talentos específicos que lo ayudan a realizar su trabajo con excelencia, no sólo por la pasión que tiene sino porque definitivamente tiene los dones y los ha desarrollado.

Por ejemplo, un ingeniero necesita desarrollar las inteligencias visual-espacial, matemática numérica y tener talento para el área a la que se dedica, ya sea civil o industrial . De la misma manera, un traductor necesita desarrollar la inteligencia verbal-lingüística y tener talento para los idiomas, la ortografía, la gramática y si se dedica también a la interpretación, debe tener habilidades de hablar en público, una buena dicción, entre otros. El traductor nace y se hace. Nace con la vocación y se hace con la preparación.

En conclusión, la profesión del traductor debe ser valorada por lo que es: una preparación exhaustiva, un trabajo arduo de investigación, una especialización constante y una mirada minuciosa en los detalles.

¿Qué otros mitos del traductor conoces?

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